
Cuando empezó a trabajar en el Mercao, todavía había hierba en San Jacinto miarma...
Fijarse ustedes los años que no llevará este hombre despachando el pescao más fresco del puente pacá, más de los que lleva el Giraldillo bebiéndose los vientos de Sevilla, y que sean muchísimos más, porque es el encargao de surtir la tasca de boquerones, cazones, acedias y demás delicias marinas.
Anselmo es un hombre de costumbres, y todos los días religiosamente se pega un madrugón que yo no tendría cohone de endiñarme ni para cobrar una herencia, a las 6 de la mañana ya está el tío colocando el género recién llegao del Merca en las vitrinas de su puesto, y aclarando su voz para pregonar a golpe de de 103.
A eso de las once la de la mañana suele aparecer por la puerta de la tasca:
-¿Anselmo que pasa miarma?¿Ya ha colgao hoy el cartél en el quiosco de cerrao por trampas?
-Digo, allí he dejao a mi mujé, en to los trabajos se fuma, y yo como no fumo, bebo, ponme un vaso de vino fresquito pal guiso Moe miarma.
- ¿Quiere con el vaso una acediita que acabo de freir?
-Moe, ponme carne con tomate y no me hable de acedías que me voy a cagá en tus muerto ome...Que hoy no ha habío manera de vende ni una y del tiempo que llevan en la vitrina están hablando ya de ir a echar una quiniela pa matá el aburrimiento...
Después de eso retorna a toda mecha al mercao dónde le espera su mujé que cada ve que lo ve aparecer de vuelta le dice:
-¿Ya te ha cargao el vasito no miarma? Venga dale un palito a la burra que está la cosa cortita...
Tras de eso, Anselmo se arremanga y continua con su pregón:
-Niñaaaaaaaaaa, vámonoooooooooo, vámonoooooooooo a las sardinaaaaas, a la doradaaaaaa, al bonitooooooo, a las caballaaaaaaaaaaaaaaaa...
¡¡Venga que la hambre la quito pero los cuernos no puedo!!
Vamo, eso es un pregón con arte, y no muchos de los que se escuchan por los atriles sevillanos, porque este, rebosa de lo que muchos de esos pregones carecen, naturalidad y sevillanía.
De vez en cuando alguna de sus compradoras se asomaba al género y le preguntaba:
-Anselmo miarma, ¿Los chocos estos como están?
-María, los chocos estos están pa pagarlos, sentenciaba tajantemente mientras cogía uno de los ejemplares y se lo arrimaba pa que ella lo viera de cerca.
-¿Y las almejas?
¿Las almejas? Ya quisieran las niña de veinte años tené estas almejas miarma...
La vida no le dió a Anselmo altura como pa jugar en los Lakers, pero a ver pa que iba el a querer jugar al baloncesto viviendo al final de Pagés del Corro...
El quiso ser cuando joven, costalero de su Estrella, y para eso, si que daba la talla, no se exactamente cuanto medirá, lo que si se, por lo que suele contar, es que durante los treinta años que estuvo en el ajo, igualó entre la quinta y sexta trabajadera del palio, que si de corriente, de fijador, de costero, de to joé, durante esos años estuvo de to, y de marmol a marmo, por eso a gala lleva el orgullo de haber estado todo ese tiempo bajo el palio de la Valiente, ese que chicotá tras chicotá va derramando gracia trianera por donde pasa...
-De verdá que no hay cosa más bonita en el mundo que ver del respiradero paentro como Sevilla vive el Domingo de Ramos, eso hay que sentirlo, esos momentos, no se pueden explicar de ninguna manera, cruzar ese puente de ida y de vuelta, la entrada en Catedral, ese Postigo, el barrio del Arenal...
Recuerdos que se amontonan y que piden paso para convertirse en palabras en esas interminables tertulías en las que siempre termina agradeciéndole a su mare que en gloria esté que lo hubiera parío en Triana.
Fijarse ustedes los años que no llevará este hombre despachando el pescao más fresco del puente pacá, más de los que lleva el Giraldillo bebiéndose los vientos de Sevilla, y que sean muchísimos más, porque es el encargao de surtir la tasca de boquerones, cazones, acedias y demás delicias marinas.
Anselmo es un hombre de costumbres, y todos los días religiosamente se pega un madrugón que yo no tendría cohone de endiñarme ni para cobrar una herencia, a las 6 de la mañana ya está el tío colocando el género recién llegao del Merca en las vitrinas de su puesto, y aclarando su voz para pregonar a golpe de de 103.
A eso de las once la de la mañana suele aparecer por la puerta de la tasca:
-¿Anselmo que pasa miarma?¿Ya ha colgao hoy el cartél en el quiosco de cerrao por trampas?
-Digo, allí he dejao a mi mujé, en to los trabajos se fuma, y yo como no fumo, bebo, ponme un vaso de vino fresquito pal guiso Moe miarma.
- ¿Quiere con el vaso una acediita que acabo de freir?
-Moe, ponme carne con tomate y no me hable de acedías que me voy a cagá en tus muerto ome...Que hoy no ha habío manera de vende ni una y del tiempo que llevan en la vitrina están hablando ya de ir a echar una quiniela pa matá el aburrimiento...
Después de eso retorna a toda mecha al mercao dónde le espera su mujé que cada ve que lo ve aparecer de vuelta le dice:
-¿Ya te ha cargao el vasito no miarma? Venga dale un palito a la burra que está la cosa cortita...
Tras de eso, Anselmo se arremanga y continua con su pregón:
-Niñaaaaaaaaaa, vámonoooooooooo, vámonoooooooooo a las sardinaaaaas, a la doradaaaaaa, al bonitooooooo, a las caballaaaaaaaaaaaaaaaa...
¡¡Venga que la hambre la quito pero los cuernos no puedo!!
Vamo, eso es un pregón con arte, y no muchos de los que se escuchan por los atriles sevillanos, porque este, rebosa de lo que muchos de esos pregones carecen, naturalidad y sevillanía.
De vez en cuando alguna de sus compradoras se asomaba al género y le preguntaba:
-Anselmo miarma, ¿Los chocos estos como están?
-María, los chocos estos están pa pagarlos, sentenciaba tajantemente mientras cogía uno de los ejemplares y se lo arrimaba pa que ella lo viera de cerca.
-¿Y las almejas?
¿Las almejas? Ya quisieran las niña de veinte años tené estas almejas miarma...
La vida no le dió a Anselmo altura como pa jugar en los Lakers, pero a ver pa que iba el a querer jugar al baloncesto viviendo al final de Pagés del Corro...
El quiso ser cuando joven, costalero de su Estrella, y para eso, si que daba la talla, no se exactamente cuanto medirá, lo que si se, por lo que suele contar, es que durante los treinta años que estuvo en el ajo, igualó entre la quinta y sexta trabajadera del palio, que si de corriente, de fijador, de costero, de to joé, durante esos años estuvo de to, y de marmol a marmo, por eso a gala lleva el orgullo de haber estado todo ese tiempo bajo el palio de la Valiente, ese que chicotá tras chicotá va derramando gracia trianera por donde pasa...
-De verdá que no hay cosa más bonita en el mundo que ver del respiradero paentro como Sevilla vive el Domingo de Ramos, eso hay que sentirlo, esos momentos, no se pueden explicar de ninguna manera, cruzar ese puente de ida y de vuelta, la entrada en Catedral, ese Postigo, el barrio del Arenal...
Recuerdos que se amontonan y que piden paso para convertirse en palabras en esas interminables tertulías en las que siempre termina agradeciéndole a su mare que en gloria esté que lo hubiera parío en Triana.











