Cuatro dedos de polvo en el mostrador, los dos que están ahí de toda la vida, más otros dos que se han ido depositando durante lo que llevamos de mes, tras bajar la sombrilla, las butacas y los macutos del coche, empieza lo peor, limpiar la tasca, recoger to lo que me dejé por medio antes de irme, encargar to los pedidos, replantear los guisos y las tapas para estos días, cambiarle el aceite a la freidora. Menos mal que no tengo niños, que sino me iba a tocar también esperar unas cuantas horas en la puerta de la librería para encargar el Micho I, lo que viene a ser un coñazo total.
El final de las vacaciones tiene estas cosas, la vuelta a la realidad, y la vuelta a esta Triana a la que tanto he echado de menos durante estas semanas. Lo que no he echado tanto de menos es este calor tan mala que hace aquí y que no nos da tregua ni se va de vacaciones, fijarse como será la cosa que ahora mismo antes que na, me voy a poner dos servessas, una pa tomármela y la otra pa echármela por encima.
Bueno, y yo voy a dejar ya de enrollarme, ¿vuestras vacaciones como han ido?, ¿las han tenido ya?, ¿las pillan ahora?
Cuéntenme, que mientras tanto voy a echarle mano al taifol y a buscar la fregona, que está más perdía que la vergüenza de Lopera.
Bueno, y yo voy a dejar ya de enrollarme, ¿vuestras vacaciones como han ido?, ¿las han tenido ya?, ¿las pillan ahora?
Cuéntenme, que mientras tanto voy a echarle mano al taifol y a buscar la fregona, que está más perdía que la vergüenza de Lopera.


