Me invitaron a asomarme por Ignacio Sánchez Mejias para tomar algo y sin pensarlo dos veces dirigí mis pasos hacia la calle que recibe el nombre de tan emblemático torero y poeta, dispuesto a ver a unos amigos y a disfrutar de su compañía en la larga noche del martes de feria.
Fui mirando número por número todas las pañoletas de la acera impar hasta que por fín di con la caseta que buscaba, pasé a su interior, y tras los protocolarios saludos me dispuse a refrescarme con una copita y a comenzar una tertulía que nos tuvo enredados por un buen tiempo.Tertulía que de repente tomó un trepidante giro hacia una apasionante historia que desconocía y que me dejó perplejo e impactado por lo curiosa de la misma.
-Moe miarma, ¿conoces la historia del fantasma de Sánchez Mejias?
-¿Cómo?, respondí casi levantándome de la silla.
-Como lo oyes Moe, sobre esta calle pende una leyenda que deberías de conocer pa ponerla en ese blo tuyo que tienes en interné, escucha atento y toma nota si es que tienes que hacerlo que sólo voy a contártela una vez.
Resulta que hará cosa de 20 años, el guarda de una caseta muy cercana a esta en la que ahora nos encontramos, echó los toldos como era costumbre cuando todos los socios se marchaban, al poco despues, se dispuso a pegar su cabezadita como bien hacia todas las noches, con la salvedad de que ese día iba a verse sorprendido por un suceso llamémosle "poco habitual" dentro de su rutina nocturna.
Encontrándose abatido por el sueño se dispuso a cerrar los ojos para descansar en ese momento en el que la madrugada se hacía más dura y pesada, cuando de repente algo le hizo sobresaltarse turbando su sueño. Presenció atónito la entrada como Pedro por su casa, de un hombre vestido de corto con un clavel granate en su solapa. Ni corto ni perezoso, sin decir ni pío, el misterioso individuo se coló tras la barra, se sirvió una copa de fino, y tal como se la tomó volvió a dirigirse hacia la puerta de la caseta ante la incrédula mirada del vigilante que no se atrevió a mediar palabra con tan solemne caballero.
La siguiente noche volvió a sucederle lo mismo, a la misma hora, justo cuando el alba comenzaba a colorear la mañana, el jinete de corto volvió a aparecer ante los más que abiertos ojos del guarda, de nuevo se puso su copita de fino bien despachá, y volvió a desaparecer caminando serenamente hacia la puerta.
La tercera noche el guarda no estaba dispuesto a dejar que nadie pasara por alto la autoridad que le habian otorgado los socios y responsables de la caseta; estaba dispuesto a preguntarle a ese misterioso señor de corto quien era y que le llevaba a visitar la caseta a horas tan intempestivas, así que cuando este apareció de nuevo, no dudó en enunciar la pregunta con tono firme:
-Oiga, ¿Usted quién es y que hace aquí?
El hombre ofendido, dió su nombre y apellidos, presentándose como fundador de esa caseta, lo que le otorgaba el derecho de llegar y servirse una copa cuando su persona lo estimara conveniente; indignado se marchó dejando con la palabra en la boca al guarda que en ese momento no daba crédito a lo que había oido.
Esa misma mañana, el vigilante le contó al dueño de la caseta lo acontecido, y tras describirle detenidamente el aspecto del caballero y decirle su nombre y apellidos, supo que efectivamente ese hombre que le visitaba por las noches para tomarse una copa de fino era el fundador de la caseta, pero tambien conoció el dato de que ese señor murió años antes, precisamente cuando volvía a casa despues de la feria, y que por lo tanto, habia estado recibiendo durante tres noches seguidas la visita de un fantasma.
Durante la cuarta noche, dueño y guarda permanecieron juntos en la caseta a la espera de que se les apareciera la figura del hierático jinete nocturno, pero no percibieron su presencia en ningún momento de la madrugada, sin embargo, cuando los primeros rayos de sol de la mañana comenzaron a asomar timidamente, encontraron sobre la barra, una copa de fino y un clavel granate.
Con la piel de gallina elevé la mirada hacia el cielo dando un sorbo a mi copa, la próxima vez que recorra esa calle del real vendrá a mi mente la figura de un jinete que aparca la otra vida para venir a la feria durante unos segundos, exactamente los que tarda en servirse y paladear una copa de fino.


6 comentarios:
¡¡¡Espeluznante!!! Tenías razón, me ha encantado. No conocía ninguna historia de fantasmas feriantes y es un tema que me apasiona ;) Eso sí, fantasmones se ven a puñaos por el recinto ferial XD.
Espero que hayas disfrutado de tu Feria.
Un bessssasssso.
Moe pissshita ponme un moscatel de pasas que lo del fantasma madejao el cuerpo to agarrotao.
Pues no tenía ni idea de tal leyenda!!! Pos nada mientras sea para tomarse una copita y visitar la feria que venga to lo q el quiera... Un saludo
hola moe me eh quedao de piedra,la impresion que deve dar ver un fantasma asi delante tuya,y claro no me extraña que el guarda se mosquease,no es pamenos si ves llegar a alguien servirse y marcharse,sin pagar y sin decir ni pio.pero bueno, la historia de todas formas muy buena.feliz domingo moe.
Al igual que el resto de los comentarista no conocía esa historia, pero el fantasma le ehcaba mucha jeta, se tomaba su copita y na de na de pagar.
Saludos
Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuh...
¿Os he asustao miarma? Vaya por delante que esta leyenda es totalmente real, vamos, que no me la he inventado yo; es totalmente verídica.
Espero que cogieras pronto el sueño despues de leer este relato María Azahar miarma, fantasmones por el Real se ven unos 483948139 a ojo ma o meno.
Po toma un moscatelito de Chipiona pa desengarrotarte Kiyo miarma, eso si, que no se te derrame que eso es más pegajoso que un changüi de superglú...
Ome Ro pa eso la feria tiene todas o casi todas las puertas abiertas miarma...
Fite Yosefi, yo soy el guarda y me veo eso en mi caseta la primera noche, y llego a Gines corriendo sin mirá patrá...
Sería fantasma Sevillana, pero la excusa de "ara mismo no llevo suelto" se la conocen en tos laos...
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