Actuando con "Los Amigos del Vaso" imagínense la de cositas que hemos visto, dicho y oído, teniendo en cuenta que hemos estao en 1001 fregaos aquí y en Pekín, no se puede decir que nos haya pasao de to, porque eso nunca se puede decir, pero la verdá es que tenemos todo un palet de anécdotas referentes a nuestros bolos...Y hoy voy a colocar en nuestro anecdotario populá, una cosilla que nos pasó hace unos años.
Resulta que a través de una recomendación de alguien que nos habia escuchado cantar, nos llamaron de un club social madrileño para tocar allí un fín de semana, viernes y sábado, en un par de eventos que tendrían lugar en sus instalaciones, las cuales visitamos al llegar, aquello era y debe seguir siendo pa verlo, pista de hielo, piscinas, trampolines, campo de fútbol, un lago...Pa matarse vaya, lujaso con papa.
Bueno, pues una vez terminada la visita, y tras ducharnos, cambiarnos y demás, asistimos a la primera cita, una cena de gala; antes de entrar en la misma, los invitados departian y conversaban sobre un césped que ríete tu del campo del Liverpul, impecable miarma, una cosa bien cuidá, con el cachondeo yo decía que es que lo regaban con champán, y es que era aquello una auténtica moqueta verde.
La cosa es que mientras esperábamos fuera, pusieron como entrante unos langostinitos de nuestra tierra, y mientras hablábamos del repertorio a interpretar y demás, cogí uno de ellos y me dispuse a pelarlo, le quité la cabeza, la chupé como suele ser costumbre, y me quedé un poquito apurao, porque pensaba que no era buena idea tirar la cáscara del langostino en tan impecable césped, no está bonita poner el mingo de esa manera en un sitio como ese namás llegar.
La cosa es que en ese mismo momento, el presidente del club, vestido de gran categoría vino a saludarnos, y tras las presentaciones, comenzó a decir:
-En nombre del club, espero que vuestra estancia aquí sea inmejorable, y que la disfrutes en lo máximo de lo posible, no quiero que os falte de na, cualquier cosa que necesitéis la pediis sin ningún compromiso...
Y yo sin pensarlo siquiera le solté al pobre hombre lo primero que se me pasó por la cabeza:
-Quillo po arfavó a ve si me puede traé un platito pa echá las cáscaras que no vea la que me está dando el langostino...
Al momento de terminar la frase, sentí deseos de que me tragara la tierra, porque como ese hombre se lo hubiera tomao a mal, me hubiese podío mandar cuarenta metros más pallá del caraho...Pero no fue así, sonrió y soltó un:
-No te preocupes que ahora mismo te busco uno por el centro de la tierra.
Desde entonces somos grandes amigos.