Cifras, sólo cifras. Eso es lo que somos para las televisiones, un porcentaje de share al que arrojar carroña y más carroña un día tras otro, sin que nos de tiempo a digerirla, para que nos habituemos al morbo y a las historias truculentas que nos meten por los ojos cada vez que tienen oportunidad.
Siento auténtica vergüenza al ver que a la hora de inyectarnos sus pantomimas se escudan en la "libertad de información". Pero no, no nos dejemos engañar, el derecho a informar no es montar circos ni juicios paralelos sólo enfocados a buscar más y más audiencia y en ver quien aporta el dato más macabro o sensacionalista. Datos que la mayoría de las veces no son ni veraces ni contrastados. Mentiras, disparates y falsedades que les reportan ingresos millonarios, ya que para ellos sacar tajada es lo único importante y lo que justifica todo.
Así que ya sabe, usted que me está leyendo, anímese, venda sus miserias y las de los suyos por un módico precio, al otro lado seguro que habrá una audiencia ávida por oír sus palabras para regurgitarlas al día siguiente en el mercado, la peluquería o el descansillo de la escalera. Robe, estafe, engañe y nárrelo con pelos y señales, empeñe su vida por un puñado de miles de euros que a buen seguro el pueblo se lo agradecerá y posiblemente hasta funde en su nombre un club de fans que le hará sentirse importante mientras firma autógrafos. Cuente a quien se folló la semana pasada en los servicios de la discoteca, será todo un icono para la juventud que sueña con la vida del "braguetazo y a vivir que son días", el camino más fácil hacia la felicidad efímera.
Hace unas décadas, salir por la tele era todo un logro que no estaba al alcance de cualquiera, había que merecerlo, conseguir algún tipo de logro o hazaña. Por lo tanto era normal que que se sintiera admiración por esas personas que veíamos en la pequeña pantalla. Pero ahora todo eso ha cambiado, cualquiera puede salir en televisión, basta con decir "soy el primo de", "me acosté con" o "yo vi como", para que te sienten en un plató a contar barbaridades. Y lo peor es que seas quien seas, cuentes lo que cuentes, sea mentira o sea verdad, saldrás de allí con gente que te admire y te tome como referente, haciendo este círculo más vicioso aún si cabe.
Muchos valores se han ido perdiendo con el paso de los años y me temo que será imposible recuperarlos a corto plazo. Nos hemos convertido en seres completamente insensibles incapaces de inmutarnos por nada. Lo que más rabia me da es que todos, absolutamente todos hemos visto este tipo de programas alguna vez y posiblemente lo sigamos haciendo.
Al menos quedémonos con la satisfacción de saber que no podemos caer más bajo, ya hemos tocado fondo.